TURISMO CARRETERA
A 50 años del récord de Roberto Mouras en el TC con el mítico “7 de Oro”
Se cumplieron cinco décadas de la racha de seis triunfos consecutivos conseguidos por el piloto de Carlos Casares con la cupé Chevy, una marca vigente e inalcanzable con el actual reglamento de la categoría.

A veces la memoria popular de una disciplina deportiva entroniza a un protagonista y a una máquina por encima de la conquista formal de un campeonato. Eso sucedió de manera indiscutida en 1976 con Roberto José Mouras y su Chevrolet, un binomio que concretó una racha histórica de seis victorias consecutivas en el Turismo Carretera, hito que culminó formalmente el 10 de octubre de aquel año. La marca permanece imbatible y se transformó en un registro inalcanzable con las normativas técnicas vigentes de la octogenaria categoría nacional.
Conocido popularmente como el Toro de Carlos Casares, Mouras se convirtió en un ídolo de masas al timonear la recordada cupé Chevy bautizada como el “7 de Oro”, un vehículo que marcó una época dorada y un hito de culto dentro del automovilismo argentino. Los orígenes deportivos del piloto se remontaban a sus inicios en los zonales a los 18 años, hasta que en 1970 se sumó al Turismo Carretera a bordo de un Torino. Su salto competitivo definitivo se produjo en 1974 gracias a las gestiones de Carlos Marincovich, permitiéndole manejar uno de los coches oficiales respaldados por la Comisión de Concesionarios de General Motors.
El nacimiento de una máquina dominantes
En aquellos años, la categoría se encontraba bajo el dominio aplastante del equipo oficial Ford, escudería que hilvanó siete títulos consecutivos en esa década. No obstante, a fines de 1974, el diseñador Juan Carlos Fernández comenzó la construcción de la cupé Chevy que al año siguiente revolucionaría el ambiente técnico y deportivo. El coche fue desarrollado en el taller de la calle Campana en la Ciudad de Buenos Aires por Jorge Pedersoli en el apartado motor y Omar Wilke en la puesta a punto del chasis.
La temporada de 1975 estuvo marcada nuevamente por la hegemonía de la marca del óvalo, que se impuso en nueve de las doce fechas disputadas. En ese contexto adverso, Pedersoli y Wilke pulieron una unidad competitiva equipada con innovaciones técnicas, como un desarrollo de frenos ventilados que emitían un característico silbido confundido por los rivales con el sonido de una turbina. Por su parte, el impulsor de la Chevy escaló hasta rendir 270 caballos de fuerza con un régimen de 8.800 revoluciones por minuto.
La racha ganadora y el origen del icónico apodo
La histórica seguidilla de triunfos comenzó el 9 de mayo de 1976 en Bahía Blanca, marcando la primera victoria oficial del piloto en la categoría. La hegemonía continuó el 13 de junio en la Vuelta de Las Flores y el 25 de julio en Olavarría, en el circuito Luciano Fortabat. En septiembre se consolidó el dominio con un doblete: el día 5 en el Gran Premio del Llano disputado en Laboulaye, Córdoba, y el 19 en la Vuelta de San Miguel del Monte, para cerrar la media docena de éxitos el 10 de octubre nuevamente en Olavarría.
Durante los primeros triunfos, la carrocería del Chevrolet lució un tono rojo, pero a partir de la cuarta victoria adoptó el característico color dorado debido al patrocinio exclusivo de una marca de whisky. La firma modificó la etiqueta de uno de sus productos y el público bautizó de inmediato al vehículo como el “7 de Oro” por el número lateral y la contundencia de sus presentaciones en los trazados semipermanentes de ruta.