AUTOMOVILISMO INTERNACIONAL
Baltazar Leguizamón completó un exigente debut en los óvalos de NASCAR en Martinsville
El piloto argentino logró finalizar las 250 vueltas de la competencia a bordo del Chevrolet N° 42, sorteando múltiples incidentes para alcanzar el puesto 27 en su primera experiencia sobre esta superficie dentro de la categoría estadounidense.

El automovilismo nacional escribió un capítulo singular en Estados Unidos con la primera presentación oficial de Baltazar Leguizamón en un circuito ovalado dentro de la estructura de NASCAR. El piloto argentino afrontó un fin de semana de intenso aprendizaje en el emblemático trazado de Martinsville, un escenario que se mantiene inalterable en el calendario oficial desde el nacimiento de la categoría en el año 1949 y que somete tanto a las máquinas como a los conductores a un desgaste constante debido a sus reducidas dimensiones y su particular diseño.
Una carrera cuesta arriba marcada por las interrupciones
La actividad oficial comenzó con adversidades en la sesión de ordenamiento de partida, donde el representante nacional debió conformarse con el trigésimo octavo cajón de salida a bordo del Chevrolet N° 42 preparado por la estructura de Young's Motorsports. Sin embargo, el objetivo principal del equipo y del deportista consistía en sumar kilómetros y acumular experiencia en una disciplina completamente ajena a sus antecedentes previos en autódromos tradicionales.
El desarrollo de la competencia principal estuvo condicionado de manera permanente por la alta fricción y los despistes. A lo largo de las 250 vueltas pactadas, la dirección de prueba decretó un total de 12 neutralizaciones y una bandera roja en el giro 220 debido a la acumulada suciedad sobre el asfalto. En ese contexto adverso, Leguizamón adoptó una postura conservadora que le permitió mantenerse al margen de los accidentes múltiples que eliminaron a varios competidores directos.
Estrategia y recuperación en pista
Durante los parciales iniciales, el ritmo de carrera lo relegó en el clasificador general, cerrando la primera etapa en la trigésimo quinta colocación y la segunda en el trigésimo cuarto lugar. Las paradas obligatorias en el sector de boxes se concretaron de manera ordenada en las vueltas 63 y 126, momentos clave para ajustar la puesta a punto del vehículo frente al desgaste prematuro de los neumáticos en los virajes cerrados.
En el transcurso de la prueba, el piloto argentino llegó a perder la vuelta de referencia frente a los líderes en un par de ocasiones. No obstante, la normativa deportiva le otorgó en dos oportunidades el beneficio de recuperación conocido como el Lucky Dog, un recurso reglamentario que le devolvió el giro perdido y le permitió integrarse nuevamente al pelotón principal.
El balance final tras la bandera a cuadros
Gracias a esta gestión táctica y a la regularidad sostenida en el tramo definitivo, Leguizamón cruzó la línea de sentencia en la vigésimo séptima posición general. Este rendimiento representa su mejor producción histórica dentro de la división norteamericana, cumpliendo con creces la meta de completar la totalidad del recorrido previsto sin daños estructurales severos en la unidad.
Al bajarse del habitáculo, el argentino valoró el esfuerzo colectivo de la escuadra y la magnitud del desafío afrontado. Destacó especialmente el trabajo realizado por el propietario Tyler Young y el grupo de mecánicos para garantizar la confiabilidad del Chevrolet número 42 durante toda la exigencia, además de agradecer el respaldo constante de sus patrocinadores y de los aficionados que siguieron las alternativas a través de las pantallas de televisión.