Fórmula 1
El ambicioso plan de la Fórmula 1 para recortar el peso de los monoplazas por debajo de los 700 kilos
La Federación Internacional del Automóvil trabaja en un proyecto técnico para la próxima década con el fin de aligerar sustancialmente los vehículos, achicar componentes y ganar velocidad en pista.

La categoría reina del automovilismo internacional atraviesa un momento de intensa revisión reglamentaria. Mientras la atención se centra en la reciente incorporación de unidades de potencia con mayor preponderancia eléctrica, la Federación Internacional del Automóvil (FIA) impulsa un ambicioso plan técnico que apunta directamente a uno de los problemas más señalados por ingenieros, pilotos y fanáticos durante las últimas décadas: el exceso de peso en los monoplazas.
La evolución histórica de la balanza en la máxima categoría
Entre 1990 y 2025, el peso mínimo establecido por reglamento sufrió un incremento drástico del 60 por ciento, al pasar de los 500 kilogramos iniciales hasta tocar un récord de 800 kilos en el ciclo reglamentario previo. Este incremento sostenido obedeció fundamentalmente a la necesidad de incorporar nuevas tecnologías de seguridad pasiva —como el dispositivo halo, estructuras laterales reforzadas y zonas de deformación programada más amplias—, además de la llegada de la era híbrida a partir de 2014, hito que transformó por completo la arquitectura mecánica de los vehículos.
Aunque el concepto reglamentario estrenado en 2026 logró una primera reducción de 30 kilogramos en comparación con el ciclo anterior, el objetivo de la cúpula deportiva es mucho más radical. La intención oficial es perforar la barrera histórica y regresar a cifras por debajo de los 700 kilos, un umbral que no se registra desde la temporada 2016. Desde la dirección de monoplazas de la FIA reconocen que la meta es desafiante, pero sostienen que existen áreas concretas dentro de la ingeniería de los coches para materializar el recorte sin comprometer en absoluto los estándares de protección para los competidores.
Las tres claves técnicas para aligerar los vehículos
Los análisis especializados indican que el plan se sustenta en tres pilares fundamentales dentro del diseño vehicular. En primer lugar, se proyectan modificaciones profundas en la unidad de potencia. Aunque el debate sobre un eventual regreso de los motores V8 sigue latente por impulso de la presidencia de la FIA, los ingenieros calculan que se puede reducir sustancialmente la presión y las dimensiones del turbocompresor, simplificando además la compleja red de conductos de admisión, escape y salida que actualmente recarga el interior del motor.
El segundo factor determinante recae sobre los componentes eléctricos. De cara al horizonte normativo fijado para la próxima década, se planifica el desarrollo de una batería considerablemente más pequeña, acompañada por una reducción proporcional en el tamaño del MGU-K, el sistema encargado de recuperar la energía cinética. Si este mecanismo logra reubicarse de manera lateral respecto al bloque principal, el ahorro en la báscula será notable.
Por último, las dimensiones generales de la carrocería sufrirán un achicamiento y se analiza una disminución en el rodado de los neumáticos, alejándose de las llantas de 18 pulgadas introducidas en 2022 —medida que en su momento aportó unos 25 kilogramos adicionales al conjunto—. La reducción de masa generará además un efecto en cadena virtuoso: al contar con un chasis más liviano y compacto, los equipos necesitarán menos elementos de soporte estructural y cargas aerodinámicas hiperrobustas.