TURISMO CARRETERA
La historia de Mauro Giallombardo: del título precoz en el Turismo Carretera a la lucha por recuperar su vida tras el grave accidente
A los 22 años tocó la cima del automovilismo argentino con Ford. Un choque frontal en la Ruta 40 interrumpió su campaña deportiva y le exigió una profunda rehabilitación neurológica para volver a caminar y hablar.

Un ascenso meteórico en el automovilismo nacional
La trayectoria deportiva de Mauro Giallombardo dentro del automovilismo nacional se caracterizó por una progresión veloz que lo depositó muy joven en la máxima categoría del país. Con el sello indiscutido de la marca Ford, el piloto construyó una campaña sólida en las divisionales de la Asociación Corredores Turismo Carretera (ACTC). En 2008 se consagró campeón del TC Mouras, un hito que cimentó su proyección dentro de la estructura de equipos federales. Años más tarde, ratificó sus condiciones al obtener el título del TC Pista en la temporada 2010.
Ese nivel de competitividad le abrió las puertas de manera definitiva al Turismo Carretera, donde alcanzó la gloria en 2012 con apenas 22 años de edad. En un lapso menor a un lustro, completó un recorrido habitualmente reservado para trayectorias más extensas. Cuando el destino interrumpió su campaña, se mantenia plenamente activo dentro de la categoría: una semana antes del episodio que marcó su vida había participado en la competencia especial de los 1000 kilómetros de Buenos Aires del TC.
El impacto en la Ruta 40 y el estado crítico
El 13 de agosto de 2017, durante un viaje de descanso en el sur argentino orientado a practicar esquí, ocurrió el siniestro que modificó por completo su cotidianeidad. Giallombardo conducía un Volkswagen Suran junto a otras tres personas en las inmediaciones de Villa La Angostura cuando el vehículo colisionó de frente contra un colectivo. Las pericias y los testimonios posteriores señalaron que el asfalto congelado de la Ruta 40 resultó un factor determinante en la pérdida de control del rodado.
Como consecuencia del fuerte impacto, sufrió un severo traumatismo de cráneo que lo dejó en estado crítico. Permaneció internado en coma durante casi un mes, un periodo en el que su cuadro clínico mantuvo en vilo al ambiente del automovilismo argentino. Superada la etapa inicial de riesgo de vida, el piloto debió afrontar un largo proceso de recuperación neurológica y física para volver a ejecutar acciones esenciales.
La larga rehabilitación y el regreso desde otro rol
El tratamiento continuó en el Instituto Fleni e implicó un trabajo diario y riguroso que combinó fonoaudiología, kinesiología, terapia ocupacional y ejercicios específicos de velocidad de procesamiento mental. La movilidad del hemicuerpo derecho fue la más afectada, particularmente en el uso de la mano, lo que le exigió una cuota extra de la disciplina adquirida durante sus años de deportista profesional para recuperar parte de su autonomía.
Con el correr de los años, el vínculo con la categoría se reconfiguró desde la dirección técnica y deportiva a través de su propia estructura, la Escudería G129. Aunque en repetidas ocasiones manifestó el deseo de volver a competir e incluso evaluó alternativas mecánicas para compensar las secuelas físicas en su brazo, priorizó la estabilidad de su salud y el valor cotidiano de compartir momentos con su familia, dejando atrás las exigencias extremas del cronograma deportivo.